KOLUMBUS PIRÁMIDE K-AZUL, K-ROJO & K-NEGRO

 

He tardado bastantes años en pasar de ser un mero aficionado a verme inmerso de una manera más activa en el mundo del buen tabaco, y ello me ha ayudado a alcanzar altas cotas de disfrute. Y es que este mundo es uno de los que menos sinsabores me han producido, más bien todo lo contrario.

Me ha dado la oportunidad de descubrir labores increíbles, gente extraordinaria, otras no tanto, pero está más que demostrado que todo ser vivo que no se mueve por instinto (me refiero a los humanos) son los más proclives a causar cuanto menos desengaños verdaderamente dolorosos a quienes depositan en ellos su confianza.

Hay momentos, los más escasos, en los que el destino pone en tu camino a personas que merecen la pena. Personas con una gran sensibilidad y que valoran la autenticidad en las relaciones personales. La famosa frase: "A veces uno no se arrepiente tanto de las cosas que hizo mal, sino de las que hizo bien para las personas equivocadas" revela grandes verdades, y como suele ser la tónica habitual, cuando te topas con personas generosas, socialmente expansivas, íntegras, y con capacidad de compartir y disfrutar incluso de los éxitos ajenos, ello aporta una buena bocanada de fe en la especie humana.

En esta ocasión, he tenido dos grandes gustos, el primero el de conocer un poco más a Marc Ripoll, uno de los tres propietarios de la marca KOLUMBUS, que elabora tabacos de una excelente calidad en las Islas Canarias, con tripa de tabaco autóctono, pero con capas Connecticut claro, Habano maduro y Nicaragua oscuro. Una verdadera y certera vuelta de tuerca en busca de la excelencia del producto patrio, y el segundo es el de tener la oportunidad de degustar las tres terminaciones que producen. El tercero es poder haber tenido la ocasión de probarlos en formato pirámide, uno de mis preferidos.

Lo que es la vida real y las redes sociales... Por ambas, las mías, al menos han pasado cientos y cientos de personas. Unas se han ido, en otras muchas ocasiones me he ido yo, pero con Marc ha sido una verdadera sorpresa encontrar a una  persona con verdadera vocación hacia los demás, y eso me ha agradado sobremanera.

Una persona que ha tenido que luchar lo suyo en la vida, ya que nadie regala nada, y mucho más cuando uno se ve abrazado por una severa discapacidad física auditiva, como es su caso, pero que no le ha restado ni un ápice de ilusión en sacar adelante su vida y su sueño en común con otros dos amigos, como fue el reto de crear la marca de tabacos KOLUMBUS.

Ante este reto, quiero hacerle llegar las emociones que me transmiten sus tabacos, que gentilmente me ha obsequiado por mi cumpleaños. Pero ahí viene la pregunta... ¿Cómo hacerle llegar las sensaciones que me transmite otra de mis pasiones más directas como es la música a una persona que por desgracia no puede disfrutarla?

Aquellos que seguís mis catas habitualmente sabéis que además de dar mis impresiones personales acerca de los tabacos, también elijo un parecido musical razonable, así como una pequeña lista de bebidas o destilados con los cuales realizaría un pairing, cuanto menos satisfactorio, bajo mi modesto parecer de ignorante talibán irreverente.

Un verdadero reto, que asumo con gran agrado, para que Marc pueda intentar disfrutar de lo que hace años se le ha sido negado, y no os podéis imaginar lo que daría porque pudiera experimentar lo que yo he vivido con sus tabacos al ritmo de esta música que lo acompaña.

El esfuerzo que le exigirá la presente cata me anima a pensar que todo lo que pueda hacer para facilitarle el aproximarse a experimentar las sensaciones que me han transmitido sus tabacos, es algo ridículo comparado con su quehacer cotidiano en la vida, y por eso, además de los habituales enlaces web a los temas musicales, acompañaré las catas con la letra de los temas interpretados en las mismos, así como un breve relato de diversos momentos emotivos durante las interpretaciones, para que le pueda ser más sencillo seguir el desarrollo de las mismas.

¡Vamos a intentarlo! ¡Daleeeeeeee!

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¡Que viva la sinestesia! Ojalá todos lo fuéramos un poco... al menos lo suficiente para ayudarnos en este empeño, el del disfrute, que al fin y al cabo es el que más une a la gente.

Franz Liszt, Duke Ellington o Alexander Scriabin, entre otros grandes músicos y artistas lo eran, y sus cerebros percibían cada uno de los diferentes acordes y tonalidades en forma de un color diferente. Eso es la sinestesia, la capacidad de experimentar otras sensaciones placenteras con todo aquello que nos rodea y que nos apasiona.

Algo similar es lo que suelo experimentar, pero en infinita menor medida de los genios antes citados, ya que soy un mero talibán mortal e ignorante. Con gran agrado, vive Dios, cuando degusto un excelente tabaco, y he de confesar que cuando probé por primera vez estos soberbios cigarros, vi claro el parecido entre ambos mundos, tanto el intérprete musical, como los tabacos KOLUMBUS. Puesto que la mezcla de juventud atrevida, el conocimiento aportado por el disfrute, la ilusión, la garra, el reto que supone el esfuerzo de sacar adelante una labor con tradición, que aportan el sabor y el olor de tu tierra, en un mundo tan globalizado y tan acomodado a lo establecido (marcas, mercado, procedencias, etc.) son una labor tan ardua y que precisa de tanta entrega, que solo está al alcance de la ilusión de unos pocos elegidos.

Algunos se preguntarán a qué viene sacar a colación la música de un intérprete mexicano como Luis Miguel, El Sol de México, para armonizarlo con el sabor o las sensaciones que transmiten los pirámides KOLUMBUS, de origen canario, aunque utilicen, acertadamente a mi forma de ver, capas de otras procedencias.

Respuesta: todo y nada.

Creo que cuando uno se halla inmerso en la búsqueda del pleno disfrute, nunca debe fijarse en el aspecto, marca o procedencia de origen de lo que va a degustar, ya sea comida, tabaco, música, e incluso un buen destilado.

Siempre está bien dejarse aconsejar por personas cercanas y/o con la acreditada credibilidad basada en la experiencia y no en los oscuros intereses comerciales que nos acosan y desbordan a cada instante en nuestra vida, pero creo firmemente que la mejor forma de conocer es experimentar, y también en ocasiones arriesgarse a combinar o como se llama ahora, “fusionar”.

Luis Miguel es, o al menos ha sido hasta hace unos años, un auténtico privilegiado en el aspecto artístico y musical, ya que su portentosa voz le ha llevado, no sin gran esfuerzo y constante trabajo por su parte, a la cima del escalafón de cantantes solistas consagrados de su época.

Cuando en abril del año 2000 presentó su gira mexicana en el auditorio de Monterrey, ya en el final de su etapa adolescente, y confluyendo con su entrada en la incipiente madurez tanto personal como artística, añadió su portentosa voz a los sabios consejos de sus maestros de expresión corporal (o te paras quieto con las manos o te cosemos los bolsillos, no te agarres a tu ropa, úsalas para tocarles su corazón), así como de sus maestros de canto (Ya tienes edad para cantar y dejar de gritar a las chamacas... Be water my friend... Deja que la música fluya, te diga lo que debes expresar con la voz y qué entonación debes imprimir a cada tema. Cántales de la manera que te gustaría que te cantasen a ti...).

Y qué bien lo hizo...

Obedeció ciegamente los sabios consejos de sus maestros, estudió, se preparó, salió al escenario y dio el que para mí fue sin lugar a dudas, el mejor directo de su vida.

Aunó la frescura que le aportaba la etapa final de su juventud, con los conocimientos de sus maestros, se dejó llevar por la música, sus letras, el ritmo y sus interpretaciones ganaron en intensidad, alma y profundidad a la hora de conectar con toda clase de públicos.

Logró lo que no consiguieron otros cantantes adolescentes de su época y que también contaban con buena voz y excelente rango comercial (Ricky Martin, Chayanne, Bisbal, etc.), porque el “don” lo tenía él, solo era preciso que lo supiera.

El don de transmitir y compartir la calidad y calidez de las emociones más intimas y personales hacia los demás. Logró lo casi imposible, el descifrar el código fuente de la sensibilidad de su público, haciendo sentir por igual las mismas emociones a hombres y mujeres, sobre todo, en sus seguidoras femeninas, y de tres generaciones, ¡madres e hijas enamorándose y abrazando a sus maridos y novios con las canciones que apasionaron a sus abuelos hace más de 50 años!

Eso hoy en día tal y como están los tiempos, dice mucho sobre la calidad de los temas musicales, del intérprete, de todo su equipo de músicos y de las emociones que se transmiten.

La historia de KOLUMBUS también me ha parecido igual de emocionante y apasionante. Tres amigos que asumen un reto y se unen para sacar adelante un proyecto con alma, que transmite el sabor, el espíritu de esta tierra, que también se encuentra en otras latitudes. Sí, de acuerdo, pero que aquí en España, en nuestra tierra, lo hacemos igual de bien, y están dispuestos a demostrarlo, con mucho trabajo, esfuerzo y sacrificio.

El concierto de Monterrey, primero de la gira mexicana que llevaba por título Amarte es un Placer, una excelente denominación aplicable a todo lo que nos produce o nos sugiere cariño, disfrute o satisfacción, me trajo a la mente todas esas razones, porque reúne los tres tipos fundamentales de música e interpretación por parte de Luis Miguel en su mejor momento, la que aúna sus mejores temas románticos y sosegados (Medley de boleros/KOLUMBUS Pirámide Connecticut Claro) impecablemente ataviado con traje, la música tradicional con más ritmo acompañado por su mariachi (La Bikina/KOLUMBUS Pirámide Habano Maduro) ya ataviado de una manera más informal en camisa y sin americana, aunque cuidando siempre su aspecto e imagen, y el de SuperStar con temas de más ritmo y en ambiente más festivo e informal aunque siempre haciendo gala de su imponente charme (Te propongo esta noche/KOLUMBUS Pirámide Nicaragua Oscuro).

Espero que la experiencia os agrade, yo me lo he pasado de lo lindo, disfrutando de la comunión al unísono de estas dos excepcionales experiencias. Ambas merecen la pena.

¡Os lo aseguro!